Jamás pensé que pudiera haber mujer alguna que cada día me hiciera hervir la sangre y me hiciera temblar de placer sin que eso se desgastara con el tiempo He perdido la cuenta de los ascensores en los que te he abordado, de las veces que te he bajado los pantalones, subido la falda, arrancado las braguitas… A veces me siento como un salvaje: -!Hola cariño¡ ¿Qué tal... No te dejó terminar la frase… te agarro con toda mi fuerza de hombre, volteo tu pequeño cuerpo, fresco como el de una adolescente, casi como si fueses un pajarillo, te apoyo -una encimera, una mesa, una lavadora, de pie, tanto da…- y te pentro fuertemente hasta terminar en un estremecer. Algo bruto, intenso y salvaje, pero se que te encantan estos arranques de pasión, por suerte tan habituales entre nosotros. Lo revela el rubor de tus mejillas, la humedad de tu entrepierna. Adoro ese beso inocente que me das en la mejilla al terminar, y que me dice que todo está bien, y que siga dejándome llevar por esa pasión que si...
La lengua está hecha de palabras que saben sobre acariciar, lamer... La lengua habla, nuestro sexo también habla de todas las maneras posibles.