Jamás pensé que pudiera haber mujer alguna que cada día me hiciera hervir la sangre y me hiciera temblar de placer sin que eso se desgastara con el tiempo
He perdido la cuenta de los ascensores en los que te he abordado, de las veces que te he bajado los pantalones, subido la falda, arrancado las braguitas…
A veces me siento como un salvaje:
-!Hola cariño¡ ¿Qué tal...
No te dejó terminar la frase… te agarro con toda mi fuerza de hombre, volteo tu pequeño cuerpo, fresco como el de una adolescente, casi como si fueses un pajarillo, te apoyo -una encimera, una mesa, una lavadora, de pie, tanto da…- y te pentro fuertemente hasta terminar en un estremecer.
Algo bruto, intenso y salvaje, pero se que te encantan estos arranques de pasión, por suerte tan habituales entre nosotros. Lo revela el rubor de tus mejillas, la humedad de tu entrepierna.
Adoro ese beso inocente que me das en la mejilla al terminar, y que me dice que todo está bien, y que siga dejándome llevar por esa pasión que siento por ti, y que te hace vibrar como la cuerda de un violín, que no tenga miedo de esa parte salvaje. Jamás haría nada que pudiera incomodarte: sigo al pie de la letra lo que dictan tus gestos, tus miradas, tus silencios... ni siquiera necesitas articular palabra para tenerme a tu merced.
Después del polvo salvaje, la sinfonía (generalmente los fines de semana), el festín, con varios platos y postre; en el que me nutro de tu cuerpo y tu me devoras durante horas, la vez de manera sistemática y a la vez con pasión, recorriendo cada milímetro de mi piel, mis poros, mis orificios, mimando mi sexo, que encaja como una llave en las aperturas de tu cuerpo.
A veces pienso cómo es posible que me hagas mantener ese nivel de erección, y me hagas orgasmar de manera tan frecuente… El miembro te obedece; Ese animalito se pone contento y se aprisona contra la tela de la ropa interior siempre siempre que te ve, sin excepción; a menudo también, solo con oír tu voz. A veces simplement con la evocación de tus formas, olores, sonidos y sabores.
¿Qué dos volcanes han colisionado para generar tal estallido?
Nuestros cuerpos se atraen como imanes. Tenemos demasiado que follar para tener tiempo que perder…
Cuando estás triste te hago el amor con tanta suavidad -como brisa que arrulla la hoja de un árbol-, que creo que ni siquiera te das cuenta de que estuve allí, mientras gozas, pero también piensas en tus cosas.
Cuando estás feliz me desvistes con voracidad, como si el estado natural de los cuerpos fuese la alegría y la desnudez junto con la erección de pene y de tu sexo de mujer, mojado, hinchado y encarnado. Entonces follamos fuerte, a veces temo que nos podemos romper. Una fiesta de los sentidos.
Eres un ser cuya enorme capacidad de expresión sexual va más allá de los asuntos de cama, e impregna todas las facetas de tu vida: tu manera de amar, de trabajar, de darte a los otros, de ser justa; es también siempre con esa pasión: sin dudas, sin ambages.
Me ayudaste, con tiempo y paciencia, a reconocer que yo también soy de fuego y llamas. Algunos de nosotros tenemos la marca del hierro ardiente. No lo debemos ignorar, y tenemos que vivir esa pasión en nuestra vida hasta las últimas consecuencias.
Somos volcánicos.
Eso es lo que yo aprendí contigo.

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